“WE may be naked and toothless, but we are blessed; for our spirits are undaunted and our laughter pure. We are children of Filipino earth. Our smiles brighten up every dark cranny in the land.”
SOMETHING in a child’s smiling face irresistibly captivates and disarms. It does not seem to matter whether one takes snapshots of happy kids in a posh urban village, in an impoverished shanty town where this photograph was taken, or anywhere else; smiles of children are essentially the same. Like many of life’s subtle mysteries, a child’s smile is universal yet unique, innocent but resilient, optimistic and authentic.
We are reminded of man’s innate goodness each time we see these little ones smile, because they brim over with qualities that best define our humanity: gentleness, warmth, sincerity and exuberance. Yet their power to inspire and touch lies largely on our readiness to open our hearts to rediscover the child within us all; and to view the world, perhaps for the first time, with new eyes.
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Sonrisas del Corazón
“Es verdad que estamos desnudos y sin dientes pero poseemos una fortuna: nuestros espíritus continúan imperturbables y nuestras sonrisas son puras. Somos hijos de la tierra Filipina. Nuestras sonrisas iluminan hasta los últimos rincones oscuros de nuestro país.”
Hay algo en la cara sonriente de un niño que irresistiblemente nos cautiva y desarma. Da igual que se esté tomando una fotografía de niños felices en un distrito urbano rico o en una empobrecida población callampa donde se tomó esta instantánea, o en cualquier otra parte; las sonrisas de niños son esencialmente las mismas. Como muchos misterios sutiles de la vida, la sonrisa del niño es universal y sin embargo inigualable, inocente pero pertinaz, optimista y auténtica.
Cada vez que vemos a estos niños sonreír, nos viene al recuerdo la bondad innata del hombre; estos pequeños rebosan de las mejores cualidades que definen nuestra humanidad; ternura, cariño, sinceridad, y exuberancia. Aún así, su capacidad de inspirarnos y alcanzar nuestros corazones depende largamente de nuestra voluntad de abrirlos, para redescubrir al niño que todos llevamos dentro; y para mirar al mundo con nuevos ojos, quizás por primera vez.
Bacolod City, Filipinas
Junio 2013

